Estoy Contigo: La historia de sanación de Mateo
Mateo*, de 4 años, no tenía motivos para confiar en los adultos. Abandonado, expuesto al abuso de sustancias y en riesgo de explotación sexual, Mateo finalmente entró a nuestro cuidado.
A Mateo le costó adaptarse. Lloraba continuamente y le costaba jugar. Ni siquiera podía mirar a sus cuidadores a los ojos. Su trauma era muy fuerte. No tenía esperanza.
Estaba claro que Mateo no podía seguir por ese camino. Nuestro equipo estaba decidido a abrir la esperanza para Mateo. Al igual que la promesa de Jesús en Mateo 28:20, nuestro equipo prometió a Mateo una cosa: Incluso en los días más difíciles, estaban con él. No se iban a marchar.
Jugar con Gloria, cogerla de la mano, mirarla a los ojos... fueron los primeros momentos en los que Mateo se sintió seguro. Los primeros momentos en los que experimentó el amor de Dios Cuando Gloria respondió a las necesidades de Mateo y abordó su trauma, le mostró que estaba seguro con ella. Y, al final de cada día, Gloria prometía: «Tengo que irme, pero mañana estaré contigo». Siempre cumplía su promesa.
Hoy, Mateo juega con sus amigos, confía en sus cuidadores y puede establecer vínculos seguros y significativos, especialmente con las «Abuelas» de su casa. Mateo todavía tiene por delante un viaje de sanación pero sabemos que Dios ha preparado cada paso.
Muchos niños como Mateo han sufrido traumas terribles. Estamos comprometidos a abogar por todos los niños que encontramos, porque ningún niño debe estar solo.
«Ciertamente yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». Mateo 28:20
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